lunes, octubre 10, 2005

CUERPO FEMENINO, VIOLENCIA Y PROPIEDAD

Históricamente, en algunas sociedades latinoamericanas la violencia en contra de la mujer no ha representado una problemática que los gobiernos atiendan con la inmediatez necesaria pese a las dolorosas cifras que año con año lanzan decenas de Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) que, al ver el desdén con las esferas gubernamentales observan la violencia contra la mujer, han decidido iniciar su propio esfuerzo para abatir dicho dilema.

México, con una estructura social y cultural de características machistas, ha tenido el desagradable honor de colocarse a la cabeza en las cifras sobre la violencia: física, sexual y psicológica en países de habla hispana, el gobierno de este país ha conseguido que el termino “feminicidio” aparezca en nuestro vocabulario y se convierta, más que un neologismo, en una terrible realidad y una guerra de cifras que no conducen a ninguna parte.


“Feminicidio: Progresión de actos violentos que van desde el maltrato emocional, psicológico, los golpes, los insultos, la tortura, la violación, la prostitución, el acoso sexual, la violencia doméstica y toda política que derive en la muerte de las mujeres, tolerada por el Estado”.


El caso de las mujereas muertas, desaparecidas y violentadas en Ciudad Juárez, ha puesto en evidencia la incapacidad y poco interés por parte del Estado en satisfacer a sus gobernados la necesidad primaria de preservar la integridad física. De igual forma, Ciudad Juárez, ha mostrado el cinismo e insensibilidad por parte de autoridades locales al escuchar declaraciones como las siguientes:


...es importante hacer notar que la conducta de algunas de las víctimas no concuerda con esos lineamientos del orden moral toda vez que se ha desbordado una frecuencia de asistir a altas horas de la noche a centros de diversión no aptos para su edad en algunos casos, así como la falta de atención y descuido por el núcleo familiar en que han convivido.

Subprocuraduría de justicia del estado zona norte, Informe de Homicidios en perjuicio de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua. 1993-1998.



Hay lamentablemente mujeres que por sus condiciones de vida, los lugares donde realizan sus actividades, están en riesgo; porque sería muy difícil que alguien que saliera a la calle cuando está lloviendo, pues sería muy difícil que no se mojara.

Arturo González Rascón, procurador de justicia del estado de Chihuahua.


El menosprecio de la vida de los gobernados es más que evidente al leer lo anterior, pareciera que la profesión u horario de actividades es factor para ser colocado en los diferentes niveles con que las autoridades “catalogan” a sus gobernados y que depende de ello su bienestar social.

Sin embargo, debemos reconocer que gobierno y sociedad han funcionado como cómplices, no solo al permanecer estáticos ante el feminicidio en nuestro país, también lo son al continuar y reforzar las estructuras sociales y educativas que permiten perpetuar el “machismo” y por ende, la discriminación de la mujer en aspectos de contribución social y laboral, incluso podría mencionarse que estas estructuras machistas contribuyen a mirar al género y cuerpo femenino como propiedad y objeto exclusivo del hombre, lo que deriva en una despersonalización al aceptar, en casos de mujeres económicamente dependientes, dicho rol, es decir, aquellas parejas que el hombre tiene bajo control o tutela social.
En relación con lo anterior, Rita Laura Segato, Coordinadora del Departamento de Antropología de la Universidade de Brasilia, menciona en su ensayo “Territorio, soberanía y crímenes de segundo Estado: la escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez”:
La masculinidad es un status condicionado a su obtención – que debe ser reconfirmada con una cierta regularidad a lo largo de la vida - mediante un proceso de probación o conquista y, sobre todo, supeditado a la exacción de tributos de un otro que, por su posición naturalizada en este orden de status, es percibido como el proveedor del repertorio de gestos que alimentan la virilidad. Ese otro (mujer), en el mismo acto en que hace entrega del tributo instaurador, produce su propia exclusión de la casta que consagra. En otras palabras, para que un sujeto adquiera su status masculino, como un título, como un grado, es necesario que otro sujeto no lo tenga pero que se lo otorgue a lo largo de un proceso persuasivo o impositivo que puede ser eficientemente descrito como tributación. En condiciones socio-políticamente “normales” del orden de status, nosotras, las mujeres, somos las dadoras del tributo; ellos, los receptores y beneficiarios.

ALGUNAS CIFRAS

En el informe de la Organización de Naciones Unidas dado a conocer el 26 de enero de 2005 sobre las muertes de mujeres en Ciudad Juárez, se llegó a la poco novedosa conclusión: “se trata de crímenes de género dentro de una sociedad discriminatoria, por ello han sido tolerados con total indiferencia por las autoridades, esto combinado a estructuras sociales, estereotipos, actitudes, valores, tradiciones y costumbres culturales ancestrales, que perjudican el desarrollo de las mujeres”*.

Aunque el informe de la ONU está centrado en los crímenes de género en Ciudad Juárez, este podría ser aplicado en todo el territorio nacional y quizá en gran parte de las ciudades latinoamericanas donde la problemática y el machismo se repiten. De acuerdo al sitio web www.ciberoamerica.com, los países que arrojan las cifras más alarmantes sobre violencia de género son: México, Guatemala y Argentina.

La Red Feminista Latinoamericana y del Caribe Contra la Violencia Doméstica y Sexual publicó en abril del 2004 algunas cifras sobre la situación en el resto de Latinoamérica: en Paraguay cada 10 días muere una mujer de forma violenta; en Puerto Rico, 287 mujeres han sido asesinadas desde 1990. En Nicaragua 45 mujeres y niñas habían sido asesinadas en 2004; en República Dominicana ocurrieron 49 feminicidios entre enero y agosto de 2002, en los últimos dos años 30 mujeres fueron asesinadas en Costa Rica y en Uruguay se reportaron 19 asesinatos hasta abril del año anterior*.

Por otra parte, dentro del territorio nacional Ciudad Juárez no es el único foco rojo; La legisladora perredista Marcela Lagarde presidenta de la Comisión Especial de Seguimiento a Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en el país declaró que el Distrito Federal Guanajuato, Sonora, Sinaloa y Durango son las entidades del país que presentan mayor incidencia en este rubro*. Al respecto, la secretaria la Comisión de Equidad y Género, Malú Mícher Camarena, indicó que en Guanajuato han sido asesinadas 53 mujeres en un periodo de cuatro años principalmente en los municipios de Acámbaro, León y Silao*.
La situación en el Distrito federal arroja las siguientes cifras: Al año se cometen unos 130 homicidios de género, de los cuales al menos 15% tiene su origen en la llamada violencia doméstica, una mujer muere en promedio cada tres semanas según datos atribuidos a Bárbara Yllán Rondero, titular de la Subprocuraduría de Atención a Víctimas del Delito en el D. F. Yllán Rondero describe a los agresores o generadores de violencia: "Sujetos que han reducido de manera importante su tolerancia a la frustración; su control de impulsos es mínimo, y está combinado con la idea de supremacía masculina; le gusta controlar".
Este último punto pudiera ser el verdadero factor que ha llevado la situación al extremo: el control que socialmente se le atribuye al género masculino sobre el femenino, la construcción social de una falocracia donde el hombre está autorizado para dominar y poseer a quienes le rodean y la mujer solo aspira a ser escogida por un hombre para servirle lealmente.
Este modelo falocrático, aparte de ser claramente desventajoso se ha convertido en un inminente peligro para el género femenino. Si el hombre está acostumbrado y educado para ser sustento económico y moral de la familia y por consiguiente de la sociedad, ¿cómo debemos esperar que actúe frente a la frustración? Lógicamente con violencia, ¿contra qué descargara su enojo? Obviamente contra las cosas de su propiedad primero y posteriormente contra su pareja al considerarla un objeto más al cual puede destruir. Rita Laura Segato opina al respecto.
Expresar que se tiene en las manos la voluntad del otro es el telos o finalidad de la violencia expresiva. Dominio, soberanía y control son su universo de significación. Uso y abuso del cuerpo del otro sin que éste participe con intención o voluntad compatibles, se dirige al aniquilamiento de la voluntad de la víctima, cuya reducción es justamente significada por la pérdida del control sobre el comportamiento de su cuerpo y el agenciamiento del mismo por la voluntad del agresor. La víctima es expropiada del control sobre su espacio-cuerpo.
…que la víctima es el desecho del proceso, una pieza descartable,
Dicha actitud puede ser aplicada de lo general a lo particular, si el Estado no adopta como algo prioritario el respeto a la integridad física de la mujer, ¿por qué habría de hacerlo un hombre frustrado y enfurecido?
La incapacidad para tolerar el fracaso social o emocional, conjugado con la impunidad conciente del agresor, permiten la proliferación de crímenes de género

El GÉNERO FEMENINO UN BIEN MATERIAL.

Los medios de comunicación y el consumismo voraz que promueve, utilizan principalmente mujeres como promotoras de productos, la mayoría de ellos con características proporcionadoras de status únicamente. La publicidad, a través de sus dobles mensajes nos ha enseñado que solamente quienes puedan acceder a los productos más costosos tendrán la posibilidad de “poseer” una mujer de cuerpo perfecto como las utilizadas para modelar esos artículos.
Dicho mensaje de consumo propicia en el espectador una asociación entre artículos de lujo y el cuerpo femenino, al adquirir uno automáticamente se compra el otro como si vinieran en paquete, es decir, se adquieren un par de “objetos de lujo”, los cuales, al ser inalcanzables, producen envidia y frustración.
Se comercia con la figura femenina en varios sentidos, podemos sumar al ejemplo anterior el tráfico de personas y la explotación sexual, problemáticas donde también se evidencia el uso del cuerpo femenino como mercancía.
No hay nada peor que un consumidor frustrado, pues el satisfactor adquirido al no cumplir su objetivo se convierte en objeto desechable.

¿DEFENSA O PROTESTA?

Ante dicha embestida social y cultural en contra del género, la mujer tiene pocos espacios y opciones para su defensa, ante los oídos sordos e indiferencia por parte de las elites del gobierno solo queda la puerta de la organización social; es un hecho comprobado que ante la incapacidad del Estado por cubrir necesidades básicas como: salud, seguridad y cultura, la sociedad civil se reorganiza con el fin de autogenerar satisfactores
Sin embargo, en el caso de la violencia de género, las nuevas organizaciones surgidas de la sociedad civil no tienen, en la mayoría de los casos, posibilidades reales de servir como defensoras de las víctimas, carecen de la estructura y capacidad necesarias para prevenir realmente el conflicto y su papel se centra sólo en la protesta y difusión de la problemática; esto deriva en un lento proceso de concientización ciudadana. Lo anterior no es un ataque ni pretende minorizar el trabajo de ONG´s dedicadas a la lucha contra la violencia de género, pero difícilmente puede pensarse o pretenderse que la sociedad organizada pueda sustituir una obligación que le corresponde únicamente al Estado.